Los perros como elementos de terapia

De vez en cuando se puede ver en las noticias de la tele algún pequeño espacio dedicado a la terapia animal. Normalmente sacan una imagen de una persona acariciando a un caballo y comentan de manera superficial que el contacto con los animales es beneficioso para la salud, así como que existen algunas terapias que emplean animales para ayudar a mejorar al paciente que está recibiendo el tratamiento. Los perros tienen mucho que aportar en este campo; no por nada llevan siglos acompañando al hombre. Además de desempeñar tareas que facilitan el trabajo como la de guardianes o pastores, también aportan una solaz increíble al espíritu, por eso no es raro que tengan una faceta de psicólogos.

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Los perros de terapia

Numerosos estudios llevados a cabo sugieren que los dueños de perros tienen un estado de ánimo mejor que los que no poseen mascotas. Esto se debe a que, por lo general, los dueños sufren menos estrés y depresión. A pesar de que las investigaciones en este campo están tan solo empezando, es casi imposible negar el efecto positivo de los perros en la salud humana, sobre todo en el ámbito de las emociones. Ahora bien, hay que distinguir entre los perros corrientes, los perros de servicio y los perros de terapia.

Los primeros son los que podemos tener tú y yo: son nuestras mascotas, miembros cuadrúpedos de la familia que juegan con nosotros sin obligaciones aparentes. Los perros de servicio son aquellos que prestan su ayuda a personas con discapacidades a partir de un riguroso entrenamiento. Los perros de terapia son los que deben mostrarse cariñosos, afectuosos y alegres con personas hospitalizadas, ancianos, enfermos o usuarios de otros centros de atención.

Es posible convertir a nuestros perros en mascotas apropiadas para la terapia y ver en qué podemos ayudar a los demás, pero para que eso ocurra debemos tener en cuenta determinados rasgos de nuestro amiguito: ¿crees que se siente cómodo con la gente y es capaz de manejar situaciones nuevas? Debe mostrarse calmado, paciente y hasta comprensivo, aunque sea una palabra extraña para aplicar a un perro. Si crees que el temperamento de tu perro es perfecto para la terapia, busca por tu zona algún centro que se dedique a proporcionar ese tipo de servicios.

Probablemente haya que pasar una prueba certificada para determinar a través de un evaluador si el perro es de veras viable para la terapia animal. Esa persona comprobará cosas como:

  • Que tenga todas las vacunas en regla
  • Que se sienta cómodo en las multitudes
  • Que sea amigable
  • Que no salta sobre las personas
  • Que es capaz de ignorar los juguetes o las golosinas (snkacks o cualquier alimento ofrecido) cuando es necesario
  • Que es paciente con las caricias un tanto brutas
  • Que no se estresa fácilmente
  • Que responde a los comandos más comunes (sentado, quieto, etc.)

Entre otras. Si el perro pasa la prueba, entonces podrá participar en los programas de terapia. Suena como una aventura interesante para tu mascota si reúne los requisitos, ¿verdad?

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