Los dientes de los cachorros: cómo cuidarlos

Si tienes un cachorro, además de ser una persona muy afortunada, debo advertirte sobre sus dientes. Ya hablamos de que la higiene bucal en los perros es un apartado muy poco tratado, pero extremadamente importante para evitarnos disgustos mayores. Con los cachorros pasa algo parecido. Durante su primer año de vida, su boca va a experimentar más cambios que nunca y no está mal que le eches un ojo. ¿Cómo? ¡Nosotros de lo explicamos!

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1. Haz que se acostumbre a las inspecciones

Esto significa que tienes que hacerle ver a tu perrito que no pasa nada por tocarle el hocico, la boca o las encías. Lo conseguirás si cuando está, por ejemplo, en tu regazo, le abres ligeramente la boca y pasas el dedo por la encía. Si lo encuentra especialmente incómodo o lo ves muy renuente, puedes animar la inspección con un poquito de mantequilla, entonces verás cómo se deja hacer de todo. Con este paso lo que conseguimos es que se habitúe a que le observes la boca y no se ponga nervioso al ver toda esa actividad alrededor de su estimado hocico.

2. Supervisa la caída de los dientes de leche del perro

Esto también es importante. Los dientes de leche crecen entre la octava y duodécima semana, aunque se caen pronto y para cuando el perro cumple sus siete u ocho meses ya tiene la dentadura definitiva.

Hay que estar atento porque a veces surgen problemas que no se detectan fácilmente. De todas formas, no te obsesiones con esto, pues un chequeo sencillo en el veterinario puede advertirte del estado de los dientes de tu perrito. Yéndonos a lo personal, yo creía que los dientes de mi chihuahua iban por buen camino, pero me equivocaba: hubo que extirparle cuatro de ellos. Fue un proceso muy simple, al parecer rutinario, y en este caso con un precio no superior a los 3 euros por diente. También hay que ir al veterinario si ocurre lo contrario, es decir, que lleguen las primeras 12 semanas de vida del cachorro y aún no se haya roto la encía. En este supuesto, una radiografía sería necesaria para saber qué está ocurriendo.

3. Enséñale qué debe morder (y qué no)

Este paso es crucial tanto para su boca como para tu bolsillo. Si no educas al cachorro sobre lo que puede o no morder, es posible que tengas que despedirte de tus zapatillas favoritas o veas mordisqueada la pata de la silla que te legó tu abuela. Para esto no ocurra, es conveniente ofrecerle juguetes adecuados a sus necesidades. En principio son dos: investigar -porque eso es innerente al perro- y aliviar el dolor de las encías. Si los muñecos de goma no son suficientes, una toalla húmeda tal vez podría ayudarle, así como otros juguetes susceptibles de enfriarse a través del congelador o del frigorífico.

Es posible que el cachorrito insista en morder algo que no le está permitido, ya sea porque se ha encaprichado o porque es lo que más le suaviza la molestia de la boca. En ese caso, hay que comprar en el veterinario un producto repelente de esos que se ponen en las uñas para que el sabor amargo corte con la onicofagia.

4. Cuida la dieta del cachorro

El pienso para cachorros es una buena opción; al ser un alimento sólido, lo rasparán con los dientes y esto ayudará a evitar que se cree placa bacteriana que después vaya a convertirse en sarro. La comida de lata o húmeda no es mala, eso ya lo sabemos, pero tiene más predisposición a quedarse entre los dientes, por lo que se recomienda alternar o, incluso, mezclarla.

5. ¡Lava sus dientes!

Y, por supuesto, cuando sus dientes definitivos hayan asomado deberás tener en cuenta todo lo que hablamos de la higiene dental en los perros.

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